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CASUALIDAD Y CAUSALIDAD

El Mundo de la Mountain Bike nº 058

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1. Tirando millas

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Cupertino es una ciudad californiana, antes famosa por sus huertos de frutales y hoy más conocida por albergar empresas de tecnología, como Apple y Symantec. El expedicionario español Juan Bautista de Anza dio nombre a este lugar en 1776 y levantó mapas de las montañas que separan la costa del Pací co de lo que hoy conocemos como Valle del Silicio.
Los que vivimos cerca de allí sabemos que estas montañas no sólo albergan las mansiones de los millonarios de Yahoo, Google y otras empresas punto com. También son un paraíso para la bicicleta. No por casualidad, Cupertino y los pueblos aledaños son verdaderos enclaves del ciclismo en los Estados Unidos. Hace unas semanas, tres jóvenes ciclistas semi-profesionales entrenaban por una de las carreteras de montaña más populares de Cupertino cuando fueron arrollados por un coche de policía. Uno de ellos murió en el acto. Otro, una chica, sufrió la amputación de su pierna izquierda y falleció poco después en el hospital.
El tercero resultó gravemente herido. Según los testigos, el coche de policía circulaba de forma imprudente y con exceso de velocidad cuando cruzó la línea continua, invadió el carril contrario y se llevó por delante a los ciclistas, saliéndose a continuación de la vía. Mientras otros ciclistas y conductores atendían a los heridos, el policía causante de la matanza vagaba por la zona sin hacer nada -a pesar de que era la única persona con entrenamiento especí co para estas emergencias- mientras repetía a gritos que aquello era el fin de su carrera profesional. La llegada de otros policías al lugar del accidente marcaría el comienzo de más irregularidades. Se extrajo una muestra de sangre al conductor, pero esta no fue enviada posteriormente a ser analizada, ya que ‘la ley no lo exige, salvo que se sospeche la embriaguez’. Además, se permitió que el agente se marchara de allí antes de que llegasen los investigadores del servicio de atestados, algo que también es difícilmente justi cable.
La explicación o cial fue que ‘el agente se durmió al volante’, cosa que no deja de ser posible, ya que acababa de realizar una guardia continuada de 12 horas. Sin embargo, hay otros datos a tener en cuenta, como que este individuo hubiera sido condenado, con anterioridad a su entrada en cuerpo policial, por conducir bajos los efectos del alcohol y por circular a gran velocidad. Lamentablemente, y no por casualidad, quizás nunca sepamos lo que de verdad sucedió.
Lo que no cabe dudad es que esta terrible tragedia no necesitaba la rabia y el dolor añadidos por la actuación irregular de unos policías que exhibieron un corporativismo rayano en la corrupción. Esta práctica lamentable del corporativismo también se deja ver en otras profesiones cuando está en juego la carrera de un compañero: médicos que echan un capote a otros en casos de mala praxis, o curas que encubren abusos a menores.
Al obrar así, unos y otros traicionan los principios mismos de su profesión y conculcan los derechos de las víctimas. Por ello, como periodista, aunque modesto (o precisamente por esto mismo), no puedo dejar de mencionar y de denunciar la vergonzosa actitud de la prensa durante la cobertura de esta tragedia. Una actitud que vino a poner una guinda de amargura a un pastel que está siendo muy difícil de digerir, no sólo para los familiares de las víctimas, sino también para la comunidad ciclista en general. Como es habitual en estos casos, tanto en Estados Unidos como en España, la cobertura mediática partió de la premisa de que la responsabilidad de la seguridad de los ciclistas en la carretera recae primordialmente sobre esos chalados que se aventurar en el trá co con estos ingenios frágiles e incospicuos que llamamos bicicletas. Si hay un accidente, lo primero que hacen los medios es preguntarse qué hacía el ciclista allí, y si era o no peligroso circular en bici por aquella vía; todo ello según los ojos de periodistas que, en la mayoría de los casos, no se han subido en una bicicleta desde que tenían 10 años.
Por el contrario, en caso de una colisión entre coches, nunca se cuestiona el derecho de los vehículos a circular por la vía, ni se discute la temeridad de aquellos conductores que, en lugar de circular en todoterrenos, iban en coches utilitarios. Es una perversión singular del periodismo el considerar que las víctimas, cuando son ciclistas, tienen parte de la culpa. Al igual que un juez que exculpara a un violador porque la mujer violada llevaba minifalda, muchos periodistas parecen buscar formas de excusar al conductor a toda costa. ¿Quizás porque les es más fácil empatizar con el verdugo que con la víctima? El diario Mercury News, principal medio del “Silicon Valley”, ejempli có lo que es ponerse en el pellejo del conductor -casi literalmente- cuando a rmó que ‘el grupo de ciclistas chocó contra el coche policial’, una manera cuando menos curiosa de describir lo allí acontecido.
Tristemente, ningún medio aprovechó este suceso para ilustrar los peligros a los que los ciclistas nos enfrentamos en la carretera, ni para fomentar la precaución al volante, ni para promover el respecto para los que circulamos en bicicleta. Quienes hacen del lenguaje su herramienta y de la información su materia prima, no pueden alegar ni torpeza ni ignorancia. Es consustancial a su o cio un mínimo de pericia en el manejo de ambas, sin mencionar la labor social a la que se deben.
Hay por tanto que acusarles con decisión y condenarles con rmeza por negligencia, cuando no por cobardía o por dolo. Especialmente cuando es nuestra seguridad lo que está en juego. No dejes de pedalear, nos vemos el próximo mes. Descansen en paz Matt Peterson y Kristy Gough.

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