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HISTORIA DE DOS CICLISTAS

El Mundo de la Mountain Bike nº 050

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1. Tirando millas

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Leer las noticias es una de las actividades más terribles y agotadoras a las que nos enfrentamos día a día.

Para acometer esta hercúlea tarea hace falta obligar a nuestra mente a realizar un peligroso ejercicio acrobático: negar la humanidad de sus protagonistas. La razón es sencilla: en el momento en el que veamos a los demás como prolongaciones de nuestro propio ser, sentiremos su dolor y experimentaremos la impotencia de no poder ayudarles.

De las noticias recientes te traigo las historias verdaderas de dos jóvenes ciclistas: Ryan Lipscomb y John Myslin. Ambos utilizaban la bicicleta como medio de transporte diario y ambos se enfrentaron a una de las peores pesadillas de todo ciclista urbano: ser arrollado por un camión. Uno vive, el otro ha muerto.

Ryan Lipscomb, de 26 años de edad, pedaleaba por el carril bici de una avenida de Madison, Wisconsin, cuando el camión que circulaba a su lado giró a la derecha de improviso, cerrándole el paso. Ryan clavó los frenos pero no pudo evitar dar con sus huesos en el asfalto. Las ruedas traseras del camión le pasaron por encima de la cabeza. Milagrosamente, en uno de los casos más insólitos que se recuerdan, su cráneo no fue aplastado como un melón y Ryan fue dado de alta con pequeñas contusiones y conmoción cerebral leve. El casco quedó deformado y lleno de las marcas del neumático.

Muy cerca de mi casa, en Santa Cruz, California, hay una calle que se llama Mission, en honor de la Misión de la Exaltación de la Santa Cruz que fundara el franciscano español Fermín Lasuén en 1791. Esta calle, como tantas otras, reúne características que la convierten en una verdadera pesadilla para los ciclistas: tráfico intenso y rápido, abundancia de vehículos pesados, ausencia de carril bici y carencia de arcén. John Myslin, de 25 años de edad, pedaleaba por Mission Street lo más pegado posible al bordillo cuando le ocurrió exactamente lo mismo que a Ryan: un camión le cortó el paso y le tiró bajo sus ruedas. Sin embargo, esta vez no hubo milagro: el casco se quebró como la cáscara de una nuez y John murió en el acto.

Hay quien dice que para leer las noticias de cada día hace falta pertrecharse de armaduras, corazas y hasta de una venda para los ojos, como el caballo de un picador. Sin embargo, a mí me gusta leerlas a pelo, como el espontáneo que se lanza al ruedo y se enfrenta a los pitones de la realidad con el pecho desnudo. No es fácil ni cómodo hacerlo, pero esto me permite recordar porqué utilizo la bici como medio de transporte.

Si todos leyéramos todas las noticias con plena conciencia, incluidas las que nos llegan desde Irak, o las que nos anuncian el cambio climático, seríamos más los que abandonaríamos la falsa coraza del coche y nos enfrentaríamos al tráfico armados con una bici, un casco y una sonrisa. Y también sería mayor nuestro respeto a los ciclistas cuando nos ponemos al volante. Descanse en paz John Myslin y todos los ciclistas víctimas de accidentes de tráfico. No dejes de pedalear, nos vemos el próximo mes. Visita mi blog para para saber más detalles y para ver fotos del casco de Ryan Lipscomb. http://tirandomillas.blogspot.com/

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