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RED BULL SNAKE PIT
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Todo empezó con un dibujo hecho en una servilleta. Un esbozo garabateado durante un almuerzo compuesto por bacon, huevos y un par de tostadas. Había nacido una idea.
Hasta aquí, Aaron Chase había pasado la mayor parte de la temporada 2006 recuperándose de una rotura de fémur que sufrió durante el mes de febrero en un accidente de snowboard en Aspen. Kyle Strait había pasado todo el año compitiendo en circuitos internacionales de slopestyle. El plazo señalado para el siguiente film de New World Disorder estaba cada vez más cerca y ningún rider tenía su cientes imágenes para una secuencia completa.
Durante la última mañana del Crankworx Festival en Whistler se organizó un almuerzo. Sentados en la mesa se encontraban Jamie Simon de Red Bull, Derek Westerlund de Freeride Entertainment, junto con Aaron Chase y Kyle Strait. Se estaba poniendo en marcha el proyecto de una película. Nos íbamos a Ymir, British Columbia, Canadá. Y comparado con Whistler, está muy lejos.
El pueblo de Ymir toma su nombre de la mitología escandinava. Ymir fue un gigante que creó la carrera de los Frost Giants. A finales de 1800 Ymir fue un pueblo minero en expansión con una población que rozaba los 10.000 habitantes y que contaba con once hoteles, un hospital, banco, comisaría de policía, tres prisiones, un periódico... Ahora apenas llega a los 300 habitantes y unos cuantos perros. Algunos locales dicen que Ymir significa “Your Mutt Is Roaming” (“Tu chucho está vagando”, traducido literalmente). Una estatua de madera del gigante Ymir se erige al final de la calle Wildhorse y preside los vehículos que circulan por allí.
Una visita a Ymir es un viaje al pasado y supone reducir unas cuantas marchas respecto a nuestro trepidante ritmo de vida. El pueblo es una mezcla de campesinos, hippies y gente normal, tíos con rastas que conducen furgonetas. Está lleno de sombreros de lana, barbas largas y jeans Carhartt. No hay cobertura para el móvil ni encontrarás ningún Burger King. Ymir está muy cerca de Nelson y de la oficina principal de Freeride Entertainment –el epicentro de las películas de New World Disorder. Es una zona perfecta para llevar a cabo misiones de este tipo a estas alturas de la temporada. Derek Westerlund se había fijado hace unos cuantos años en una mágica pradera situada a las afueras de Ymir y finalmente la alquiló para este proyecto.
A la primera persona que el gran Derek puso manos a la obra fue a Paddy Kaye –el mítico diseñador de circuitos que fue pionero en el evento del Whistler Joyride- el precursor del Crankworx Festival. Había un montón de trabajo por hacer. Con un poco de pintura en spray y unas cuantas banderas Paddy diseñó el recorrido. A estas alturas el dibujo de la servilleta ya se había convertido en un CAD (computer-aided design, un diseño asistido por ordenador) que había pasado a manos de Jimmy Deas, quien empezó a excavar con una excavadora de 30 toneladas. Se tardaron cuatro días en esbozar el circuito y darle forma. Los dos pasaron once días perfeccionando el recorrido. Los locals más curiosos se pasaban por allí a diario para ver cómo iba evolucionando. “Empecé a recordar los nombres de la gente que venía a visitarme”, explica Kaye. “Se convirtió en un evento de la comunidad. ¡Incluso la gente venía los domingos a las 6.30 de la mañana! Ahora me siento parte de Ymir”. “No son los saltos más grandes que se hayan hecho nunca”, continúa explicando PK. “Es como un snow park. Traté de imaginar cómo lo construiría con nieve. Los saltos son seguros. Son todo stepups… Es complicado hacerse daño allí”.
Ante la amenaza de la fecha límite y el gran trabajo que quedaba aún por delante, el freerider Jonnie Broi se puso manos a la obra y estuvo arrastrando piedras durante cinco días enteros. El curveado recorrido (en forma de S) y las serpientes encontradas por la zona dieron nombre a este lugar, Snake Pit (Circuito de las Serpientes). Tenía tres grandes set-ups y un largo recorrido. Se colocó una gran roca en la parte izquierda para construir una única lanzadera. Chase y Strait volaron hasta Castlegar y después se dirigieron a Ymir. Ambos saltaron a la pista para inspeccionarla. Estuvieron allí un buen rato.
Paddy se había dejado allí tres semanas de vida. Sabía que todavía no era perfecto y que aún no estaba listo para poder rodar por él. Ambos cogieron una pala y empezaron a trabajar. Ahora teníamos cuatro cámaras, dos riders, un par de productores, novias, unos cuantos voluntarios locales y algunos perros en el circuito. “He trabajado mucho antes, pero esto ha sido diferente. ¡Teníamos que remover piedras!”, recuerda Strait. “Había momentos que era frustrante. El Snake Pit es el trabajo más duro que he hecho nunca”. A pesar de todo, parecía que las cosas empezaban a ir mejor y poco a poco los chicos empezaron a pensar ya en pilotar por el circuito. “La primera vez que vi el Snake Pit supe que iba a ser una locura”, dijo Chase.
Para el primer día de fotos el equipo se desplazó por la noche a Ymir desde Nelson para realizar una sesión matinal. Paddy Kaye también estaba allí apoyado sobre su rastrillo tras haber pulido los landings una vez más. Los dos riders afrontaron juntos los tres step-ups para probar su velocidad. Tras muchas pasadas, al final tuvimos unas cuantas imágenes. A la mañana siguiente, muy temprano, los dos se fueron directos a buscar la roca. Tras unos cuantos saltos de calentamiento Kyle tiró un tailwhip. Chase respondió con un back flip. En su primer intento salió disparado de la bici a medio vuelo y se fue contra el suelo. Parecía que estaba herido. Se levantó, recogió su bici y se sentó en lo más alto del montículo durante un buen rato. Con los ojos cerrados, Chase se concentró pensando en el movimiento que debía hacer, como un gimnasta. Finalmente se lanzó a por la roca, saltó y realizó una buena recepción.
Sobre las 10 de la mañana la luz era demasiado intensa y todo el equipo se retiró para esperar la sesión de la tarde. Cuando estábamos recogiendo la cámara un lugareño canoso se acercó a nosotros despacio. El hombre, que llevaba una cerveza en la mano, paró de hablar cuando nos sentamos en la parte trasera del camión de Westerlund. “Esto es lo más grande que ha pasado en Ymir”, dijo mientras señalaba hacia los saltos del circuito. “Incluso mejor que la fiesta reggae del fin de semana pasado”. Tras decir estas palabras siguió andando y despareció al girar la esquina.
Más tarde, Chase se preparó para rodar por los obstáculos por primera vez. En ese momento muchos habitantes de Ymir se habían acercado a la zona con sus perros, que no paraban de ladrar a los riders. Se habilitó una zona para los espectadores cerca del área más alta del circuito, que cada vez se llenaba con más gente que llegaba con sus sillas... y con sus perros.
Tras darle algunas vueltas a los obstáculos, Chase decidió finalmente encararlos. No iba a ser fácil. Tras unos cuantos intentos más, Chase fue capaz de sobrevolar el estadio y hacer vibrar a la pequeña multitud congregada. Los dos riders empezaron a pillar confianza y se sucedieron back flips, 360s y barrel rolls. Tan pronto como empezó a anochecer la sesión finalizó y los más jóvenes de Ymir saltaron al Snake Pit para pedir los autógrafos de sus ídolos. “A veces, cuando la gente me reconoce, me pilla en fuera de juego”, dice Chase. “Los chicos en Ymir estaban locos por vernos... a veces la gente no piensa que eres una persona real. Uno de los chicos me dijo, ‘¡Aaron Chase, imposible!’ Es una pasada. Estoy seguro de que cuando la gente vio todo esto pensó, ‘¡tenemos que coger más la bici!’.
Strait estaba sorprendido por la atención que les prestaron todos los locals de Ymir. “Es increíble venir a un pequeño pueblo como Ymir y que la gente te conozca”, comenta Strait sentado todavía en su bici. “Los chicos querían mi autógrafo fuera como fuera y han sido capaces de quedarse al sol todo el día para pedírmelo al final de la sesión”. La sesión de domingo, la última, estaba encarada totalmente a los tres grandes step-ups. Chase lanzó el guante con un repertorio de barrel rolls y un par de flip one-foot x-ups. Kyle hizo un superseater. Después un 360 tailwhip. Hizo un tailwhip con una recepción limpia, pero quería más. Encaró los dos primeros saltos, rodó la bici un par de veces con los dos pies en los pedales para realizar un doble tailwhip. Era algo que hacía tiempo que quería hacer. Estaba encantado.
El sol desapareció pronto tras las montañas. Había llegado el momento de recoger las cámaras. Los chicos de Ymir inundaron el circuito con sus bicis. “¡Es lo más divertido que he hecho nunca!”, gritaba Quinlan Thompson, un niño de tan sólo seis años. “Mucha de la gente que ha venido a ver este evento no sabía que se podían hacer estas cosas con una bici”, decía Matthew ‘Shred’ Thompson mientras miraba a su hijo rodar. “Aquí en Ymir los chicos han visto todas las películas de mountain bike, pero nunca lo habían visto en directo. El Snake Pit va a hacer que estos chavales quieran construir saltos y rampas para sus bicis”. El hombre más feliz en Ymir fue Paddy Kaye, quien finalmente pudo sentarse y disfrutar de su creación.
Más tarde esa misma noche, sentado en el nightclub The Rez en Nelson, Aaron Chase reflexionaba sobre el Snake Pit y sobre cómo había ido todo. “Todo el mundo en el freeride somos amigos y nos ayudamos unos a otros. El hecho de que dos de nosotros hayamos estado rodando en el Pit mantuvo la motivación alta. También te quita presión. El peso se distribuye”. Kyle Strait estaba contento por haber finalizado su temporada y el film. “Ha sido muy bonito hacer nuevos amigos y reencontrarme con otros en Ymir. Estoy lejos de casa, pero me he sentido como en mi propio hogar. He disfrutado con mis flips, el doble tailwhip super clean y el 360 tailwhip”.
Esta fue la última sesión para la película New World Disorder 7: Flying High Again. De regreso a la oficina Freeride había una película que editar. “El tipo de chavales que hemos visto en Ymir son el futuro del mountain bike”, comentaba Derek Westerlund tras haberse quitado toda la presión de encima.
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